Haga como yo: no se meta en política

¿Recuerdan la famosa frase atribuida al dictador Franco? Bien, pues el pasado 11 de Julio, día en que el gobierno anunció unas medidas ciertamente dramáticas para gran parte de la población española, estuve en el Congreso de los Diputados y lo que más me impactó fue la sensación de que Rajoy exponía sus decisiones aplicando esta misma lógica. Sus palabras y su expresión corporal venían a decir: “Oiga, yo no sé por qué estoy aquí debatiendo con ustedes. Mis decisiones responden a criterios técnicos objetivos y lo demás son simples ocurrencias basadas en prejuicios ideológicos y políticos. Adiós muy buenas”.

Es decir, no hay debate posible. No hay necesidad de deliberar y demostrar por qué el Partido Popular considera que sus decisiones son las más acertadas. Personalmente, y creo que no soy el único, me sentiría menos humillado si se me tratase como una persona adulta a la hora de exponer la situación actual. Es decir, puedo aceptar que las arcas del estado están vacías y que hay que actuar (aunque una mínima exigencia democrática y de futuro demanda investigar cómo se ha llegado a esta situación y depurar responsabilidades). Pero lo mínimo es que se admita que la forma de actuar no viene dictada por una receta mágica e inmutable, sino que responde a los criterios ideológicos del partido que gobierna (o de los que nos gobiernan desde Europa). Creo que se le llama honestidad, transparencia, valentía o algo así.

Finalmente, este discurso pretendidamente técnico, neutro, que en el fondo trata de evitar verse asociado con “la política”, puede ser cómodo para unos dirigentes que saben que están administrando un empobreciendo paulatino a la mayoría de la ciudadanía. Igualmente, decisiones como suprimir concejales o parlamentarios pueden gozar del respaldo “instintivo” de gran parte de la población. No obstante, el discurso “anti-político” puede acabar volviéndose en su contra. No hace falta recordar el profundo rencor que gran parte de la población ha ido acumulando contra “la clase política”. Dentro de este rencor hay, en mi opinión, una parte de sano juicio ante lo que han sido una serie de actuaciones políticas nefastas, pero también existe un caldo de cultivo para discursos populistas que no diferencian entre las políticas de unos y otros y abogan por acabar con TODA “la actividad política”. Cuidado con alimentar las bajas pasiones que todos albergamos.

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